Un día cualquiera Parte I

comenzando la rutina

De pronto un sonido interrumpe mi sueño y me despierto de un sobresalto, no puede ser otra vez, el muy querido despertador ¡Ya son las 7 am!

¡Venga, arriba! A empezar otro día ¡Bufffff! Me duele todo, no he debido dormir bien. ¡Que a gusto me quedaría en la cama! Pero no, pensándolo mejor,  hay que apurarse porque queda mucho día por delante y tengo que hacer un montón de cosas.

Voy a tomarme el café porque si no, seré un muerto viviente (bostezos, desgana, cansancio, desilusión… eso es lo que siento nada más al levantarme). Me tomo una buena taza de café y… bueno, parece que empiezo a templarme, como que tengo algo más de energía.

Mientras me tomo el café pienso: “Como me gustaría darme un buen baño, vestirme e irme a pasar la mañana paseando por el parque del centro; tiene que estar precioso en esta época. Me tomaría un café en una de las terrazas de algún bar para disfrutar del sol”. ¡Venga! ¡Déjate de tonterías! ¡Madre mía, ya son las 8 y aún no he hecho nada! No puede ser, ya voy tarde, tengo que hacer las camas, limpiar los baños, que no se me olvide ir a comprar la lista que dejé en la nevera, dejar la comida hecha, comer, ducharme e irme a trabajar (la sensación de agobio es indescriptible pero resulta más fuerte el sentimiento de decepción, resignación e infelicidad).

De la casa al trabajo.

Tras hacer todas esas tareas a una velocidad de vértigo, de pronto, me encuentro en mi puesto de trabajo en una fábrica en la que voy a pasar las siguientes 8 horas de mi vida. Estaré haciendo una tarea repetitiva que no me gusta, pero mi mente me mantiene en el convencimiento de que hago lo correcto porque necesito ese sueldo  para llegar a final de mes. A pesar de que los problemas económicos seguirán estando allí, no hay nada que pensar ¡sin el sueldo sería peor!

Durante la jornada, mi mente desempeña su función perfectamente, manteniéndome centrada en los pensamientos que van llegando sin tregua. En realidad me atormenta para que no eche en el olvido los pagos que me quedan pendientes en  este mes y los cuáles no sé cómo voy a hacer frente. Allí es cuando pienso en los zapatos que necesita mi hijo pequeño; el material para el cole del mayor, ( y durante un descuido de mi mente, se cuela un pensamiento que me dice: “me gustaría pasar unos días en la playa, para poder pasear por la orilla del mar, mojándome los pies y sin tanto estrés). De repente llega “la sensatez” a toda velocidad sólo para decirme: “ni en sueños, sé realista y responsable, con todo lo que tienes que resolver, con todas las cosas que necesitan los niños y los pagos, a dónde pretendes ir. Deja de soñar y vuelve al mundo real”…

No, no te voy a dejar así, sigue pendiente porque la historia continúa. No es ficción, este es un día real en la vida de una persona real. ¿Te identificas con el  personaje hasta ahora?

Si te gustó, comparte: