Un día cualquiera Final

mujer relajada y feliz

Continuamos con el desenlace de la historia de una mujer que nos cuenta cómo es un día de su vida.

… La verdad es que he estado todo el resto del día dándole vueltas a esa frase, ¿por qué ha llamado tanto mi atención?, si en realidad yo hago lo que quiero.

Que paz, ya están todos en la cama, ¡por fin un respiro!

Me recuesto sobre el sofá, porque la verdad es que al terminar el día me da pereza hasta levantarme para ir a la cama.

En unos segundos tenía mi cabeza llena de pensamientos que no eran los habituales, ¿desde cuándo no leo un libro?, bufff con lo que me gusta leer, ir a pasear fuera del bullicio de la ciudad. Tampoco me acuerdo desde cuándo no paseo por un lugar donde no haya tráfico, prisas, gente…, ni siquiera tengo tiempo de ir a tomar un café con alguna amiga, ¿amigas?, ahora que lo pienso, si no tengo relación con ninguna, creo que se cansaron de llamarme. Siempre tenía alguna excusa para no hacer nada con ellas, pero con esta vida que llevo, no tengo ganas ni de mirarme al espejo.

Momento de Reflexión.

Verdaderamente llevo años entregada a complacer a todo el mundo y ¿yo?, quién me complace a mí, porque nadie se preocupa por cómo me siento. Si es que soy tonta, la culpa es mía porque no me sé imponer. Pero esto se va a terminar, Dios mío, no sé cómo ni por dónde empezar sólo sé que quiero cambiar esto, se pasa el tiempo y siempre estoy en el mismo sitio y de la misma manera. Todos llevan sus vidas, hacen lo que les gusta, disfrutan, y yo siempre preocupada, atareada dentro y fuera de casa, sin tiempo ni ganas de dedicarme a mí.

Pasaron varias semanas, que transcurrieron más o menos como siempre, pero en mi interior algo no era igual. Me sentía dispuesta a no conformarme ni resignarme con esa vida, en la que había cosas maravillosas como mis hijos y mi familia; pero a la vez había circunstancias y obligaciones que no quería seguir viviendo.

 Todo era un poco contradictorio y mis pensamientos chocaban con mis emociones. Me costó más o menos 1 mes tomar una decisión, ahora sé que fue la mejor decisión de mi vida.

Por un lado, sentía miedo, bueno para ser sincera tengo que decir que sentía terror de lo que estaba dispuesta a hacer. Más tarde entendí que no era miedo a lo que iba a hacer, si no, a las personas de mi alrededor por lo que pudieran pensar de mí y por todas las cosas que me dirían; creía no estar preparada para aguantarlo.

Siempre había sido una hija servicial,  pendiente de mi pareja y de mis niños, siempre buscando solución a los problemas buffff. Estaba ya muy cansada de todo eso, hasta el punto de que me convencí de que me daba igual lo que pensaran u opinaran los demás; al fin y al cabo, nadie se preocupaba de cómo estaba yo, de cómo me sentía.

Del pensamiento a la acción. Descubriendo el Ho’oponopono.

No sabía muy bien qué tenía que buscar ni por donde empezar, pero sentía la necesidad de encontrar “algo” que me pudiera ayudar. Empecé haciendo Yoga; pensé que era una buena forma de empezar a calmarme. Mi madre fue la única que no entendía muy bien por qué hacía esas cosas; lo consideraba una pérdida de tiempo, pero yo me sentía cada vez mejor, más relajada y algo menos preocupada.

Un día una compañera me trajo un libro que hablaba de una técnica que ayudaba a resolver problemas, al principio ni siquiera sabía como pronunciarlo, “Ho’oponopono”. La curiosidad me llevó a leerlo y, aunque no entendía muy bien todo el significado de aquello que estaba conociendo, me pareció algo sencillo y empecé a repetir las palabras, bien es cierto que no todo lo que debía, pero procuraba recordarlo.

Pasados unos meses, “algo” captó mi atención al entrar en mi casa después de una rutinaria y cansada jornada de trabajo. ¡No había juguetes ni enredos por el suelo!, la cocina recogida, mi pareja terminando de acostar a los niños y cena en la mesa ¿será para mí?

Os aseguro que no daba crédito; aún pensé no es mi cumpleaños ni ninguna fecha señalada. ¡¡Claro que no es mi cumpleaños ni una fecha señalada!! En ese momento recordé lo que había leído en el libro de Ho’oponopono y empecé a entender algo más. YO había cambiado. Mi caos interno ya no era tan fuerte; vivía más calmada y cada día me esforzaba por ser una mejor versión de mi misma, para mí, no para nadie más. Comprendí que todo se estaba ajustando a mí, a mi evolución y a mi cambio.

Decidí que eso era bueno para mí y quería más, necesitaba ayuda, porque aún me costaba mucho vencer el miedo a lo que pensaban de mí, a lo que decían para intentar convencerme de que había cambiado para peor, que no me comportaba bien, y necesitaba superar ese sentimiento de culpabilidad contra el que estaba luchando, pero no era capaz de vencer. De pronto me envolvió un sentimiento de tristeza y preocupación, ¿cómo iba a pagar mi aprendizaje?, ya estaba el problema de siempre el dichoso dinero, por qué no habré nacido rica Dios mío.

¿Cómo le iba a decir a mi pareja que quería emprender ese aprendizaje?, si ya sé lo que me va a decir, tú verás si hay dinero para pagarlo, hazlo… Estuve todo e día con el estómago encogido pensando qué podía hacer; yo seguía con mi práctica de Ho’oponopono.

 

Los primeros resultados

Al llegar a casa por la noche, mientras cenaba, sin más se lo solté. Os aseguro que ni lo pensé, es más, cuando terminé de contárselo, yo misma no entendía cómo le había podido hablar así, tan segura y sin ningún miedo.

 

Pero ahí no termina todo, me empieza a hablar y a contarme los cambios que ha observado en mí, que me ve más tranquila, más feliz y que él está para ayudarme en lo que necesite que, si eso es lo que yo quería para estar bien y vivir feliz, (cogiéndome la mano) me dijo: adelante, no te preocupes por el dinero, ya buscaremos el modo entre los dos.

Os aseguro que no cabía en mí. Jamás hubiera esperado esa respuesta ni esa aceptación por su parte ¡Dios mío gracias, qué me está pasando!

Recostada en mi sofá, como cada noche haciendo un recorrido por mi día, una vez más, entendí que eso era otra muestra de mi cambio producto de mi deseo de hacer las cosas de otra manera, quererme y confiar en mí.

El camino no fue fácil, aunque quizá si hubiera buscado ayuda antes, los inicios no habrían sido tan duros; porque tengo que deciros que a pesar de que aún sentía muchos miedos, cuando decidí cuidar de mi y mirar por mí, la gente no lo entendió y muchas personas se alejaron de mí; otras me criticaban y otras sencillamente no entendían qué me estaba pasando. Hoy entiendo el para qué de todo aquello y me doy las gracias por haberme mantenido firme en mi decisión.

Comencé a aprender y practicar Ho’oponopono en serio, además empecé a trabajar en mí con el programa AmOR=YO-Especialízate en TI de Maite, sabía que aún tenía un camino por recorrer y ese nuevo tramo ya no podía hacerlo sola. Tomé la decisión y comencé; no tuve ningún problema porque todo fueron facilidades, pero os confesaré algo que me impactó mucho y que me hizo coger más fuerza.

Un nuevo obstáculo, una nueva oportunidad

Llevaba un mes con el programa y me despidieron del trabajo, otra prueba importante en mi camino, pero ya no estaba sola y tenía ayuda para encarar todas las transformaciones. El primer punto positivo de mi despido fue que ya tenía dinero para mis gastos, el segundo y el más increíble, es que después de 3 meses de trabajo me convertí en Diseñadora de moda, mi pasión desde que era niña y ¡¡ni siquiera lo recordaba!!

Conclusión

Lo único que puedo decir es que me estoy muy agradecida por haber llegado hasta aquí; ya nada es igual, pero para mucho mejor, jamás hubiera soñado con esto. Con mi mente nunca hubiera contemplado todas estas opciones y como siempre me repetía Maite: “todo es gracias a tu esfuerzo y trabajo personal y emocional”, pero yo, desde aquí, quiero decirle que GRACIAS.

Hace 1 año que terminé mi programa y aún de vez en cuando, acudo a ella para alguna consulta si no sé muy bien hacia dónde caminar, su apoyo ha sido fundamental en mi transformación y en mi vida.

Esta puede ser una historia de cualquier persona en un momento puntual de su vida; que por su propio compromiso, logra salir hacia adelante. Lo importante es entender que cada uno es responsable de construir su propia realidad.

 

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