¡Sí, pero no! “La Indecisión”

¡Este es el constante dilema! Muchas veces me pregunto ¿Por qué nos cuesta tanto hacer acciones que sean beneficiosas para nosotros? ¿Por qué siempre dejamos nuestra responsabilidad, nuestras decisiones, nuestra salud, nuestra felicidad… en definitiva, nuestra vida, en manos de los demás? ¿te lo has preguntado alguna vez?

Probablemente no, porque ni siquiera nos damos cuenta del hecho en sí, estamos tan ocupados intentando hacer lo correcto y ser lo que todo el mundo espera de nosotros que no nos damos ni cuenta de que hemos entregado nuestra vida y ya no nos pertenece, que no tenemos ningún control ni tomamos ninguna decisión sobre ella, sólo opinamos para juzgarnos y compararnos y, de esta forma, convencernos de que tenemos razón en sentirnos víctimas.

Es cierto que desde niños nos han educado y nos han mostrado unas reglas del juego que hemos seguido y cumplido lo mejor posible, pero también es cierto que llegado un punto somos libres de decidir cómo queremos que sea nuestra vida, tenemos libre albedrío para escoger lo mejor para nosotros, en cambio no somos capaces de hacerlo permanecemos en el papel de víctimas, culpando y desentendiéndonos de nuestra responsabilidad y, además, nos preguntamos ¿Por qué nos ocurren las cosas negativas que llegan a nuestra vida?

Continuamente estamos en el juego peligroso del “sí, pero no”, si quiero ser feliz, cambiar, que todo vaya bien…, pero no quiero hacer nada, no quiero molestarme, no quiero involucrarme, no quiero esforzarme…, sólo esperamos una vez más que los demás solucionen nuestra propia vida, nuestros conflictos y, seguimos preguntándonos,¿Por qué mi vida es un desastre?

Entonces, ¿Dónde está el problema?

A lo largo de los años he comprobado que el mayor obstáculo que hay que superar para conseguir ser feliz y tener una vida saludable es la propia apatía, la pereza y el no querer hacer nada para ni por uno mismo, y para justificar esta inacción están las excusas perfectas como yo no puedo hacer eso, eso es ser egoísta, hoy no estoy bien, no tengo dinero, no tengo tiempo…, ¡qué fácil es renunciar a tu propia felicidad y tu calma! porque entre todas esas excusas no hay ninguna razón de peso, ninguna que verdaderamente sea importante y tenga un sentido; os puedo asegurar, que todas las excusas que he escuchado en todas las personas con las que he tratado y trato cada día son esas, siempre se repiten.

Afortunadamente hay quien las consigue vencer y finalmente siguen adelante y consiguen su propósito, pero hay bastantes que dan el paso atrás y se quedan en el intento. Hay un denominador común entre las personas que abandonan y es su propio miedo a salir de su propia realidad, de su zona de confort, y enfrentarse a ellos mismos de una forma real, sin cuentos, sin peros, miedo también a no ser aprobados, a ser criticados a no recibir ese falso amor que creen que los demás les dan por lo que hacen o por lo que les pasa…

Seguir viviendo desde el miedo y el sufrimiento está bien y es aceptable porque es tu decisión, pero eso no te exime de tu responsabilidad y, cuando llegan las experiencias que toca vivir sólo hay que aceptarlas y acatarlas porque así lo has elegido tú, no cabe quejarse ni culpar, sólo aceptar y seguir el camino o cambiar.

La alternativa

Vivir desde el amor, experimentar la verdadera felicidad y la paz en tu vida es la otra opción, para ello tienes que transformar tu vida y transformarte tú para eliminar todas las máscaras que has ido creando para mostrarte en sociedad y, de esta forma, dejar libre a tu esencia, ser tú sin perjuicios, sin peros, sin condiciones, haciéndote cargo de tu vida y de tus experiencias, aprendiendo y creciendo con cada nueva lección que te toca aprender. Sólo es eso aprender para evolucionar, no sufrir para no avanzar.

El “sí…, pero no” no funciona, la decisión tiene que ser firme e inamovible, o SÍ tiras para adelante, eres 100% responsable de tu vida y aprendes una nueva perspectiva desde la que afrontar y vivir tu vida o, por el contrario, elijes NO y sigues viviendo por y para los demás, permaneces en el miedo y sigues atrayendo y viviendo experiencias acordes a tus emociones negativas. La indecisión no tiene lugar, sólo existen 2 caminos y sólo tú puedes decidir por cuál de ellos quieres caminar.

El “sí…, pero no” no va a tener lástima ni piedad de quien está posicionado como víctima, es más, va a ser implacable con sus consecuencias, toda esa indecisión se verá reflejada en la realidad que te toque vivir no lo dudes ni un momento. Intentar nadar entre 2 aguas sólo va a crear más confusión y caos que se verán reflejados en más experiencias negativas en la vida de la persona.

Conclusión

Si eres de los que se encuentran en la postura del “sí…, pero no” no pasa nada, este es el momento perfecto para cambiar eso, ni ayer ni mañana, ahora, en este momento puedes hacerlo.

Piensa por un momento en ti, pon tu mente en modo off, y decide por qué camino quieres andar en tu día a día. Toma una decisión la que tú desees, la que de verdad quieras, pero decide y, una vez lo hayas hecho, sea cual sea tu decisión hazte responsable de tu vida, tienes que saber que no eres culpable de nada ni nadie lo es, sólo tú eres responsable y por ello tienes que acatar las consecuencias de tus actos, pensamientos, sentimientos…, pero sin culpa, sólo aceptando y admitiendo tu experiencia de vida porque es la que tú has elegido.

Concédete ya la libertad y permítete experimentar lo que es ser feliz, es tu vida y te pertenece

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