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¡Hola, soy tu síntoma!

Hola, hoy estoy aquí para decirte algo y ojalá consiga explicarme bien para que entiendas “para qué” estoy contigo…, soy tu síntoma.

Voy a empezar por comentarte que tengo muchos nombres: dolor de rodilla, grano, dolor de estómago, problema económico, falta de amigos, reumatismo, asma, mucosidad, malas relaciones, negocio ruinoso, gripe, dolor de espalda, ciática, depresión, migraña, tos, problemas en el trabajo, gripe, dolor de garganta…, la lista es interminable. Sí, lo sé, soy consciente de que me he ofrecido como voluntario para desempeñar el peor trabajo posible: ser el portador de noticias poco agradables para ti.

Tú no me comprendes, nadie me comprende. Tú piensas que quiero fastidiarte, echar a perder tus planes de vida, todos piensan que quiero entorpecerles, hacerles daño o limitarles. Y no, eso sería un completo disparate. Yo, el síntoma, simplemente intento hablarte en un lenguaje que nos permita comunicarnos para que puedas comprender y entender mi mensaje. 

Necesito, mejor dicho, necesitamos los dos que comprendas que yo, el síntoma, no puedo ser “sutil” y “suavecito” cuando tengo que darte un mensaje. Me golpeas, me odias, con todo el mundo hablas y te quejas de mí, de mi presencia en tu vida, pero no te paras y te tomas el tiempo necesario, ni siquiera un segundo para razonar y tratar de comprender el motivo de mi presencia, para qué estoy intentando atraer tu atención. 

Sólo se te ocurre decirme: “Cállate”, “vete”, “te odio”, “maldita la hora en que apareciste”, y mil frases que aumentan tu rabia, tu malestar y no permiten que comprendas y razones. Pero yo tengo que mantenerme firme y constante, porque mi misión es hacerte entender el mensaje.

¿Qué haces tú? me mandas a dormir con medicinas y terapias, me mandas callar con tranquilizantes, me suplicas desaparecer con antiinflamatorios, me quieres borrar e intentas día tras día taparme, sellarme, callarme… Y me sorprende ver como intentas que me vaya de tu cuerpo sin escucharme y sin comprobar lo importante que es lo que tengo que decirte, soy totalmente ignorado.

Imagínate que soy una alarma con sirena, esa que intenta de mil formas decirte que, si sigues por ese camino, de frente hay un muro con el que vas a chocar y te vas a hacer mucho más daño. Sueno y sueno por horas, por días, por semanas, por meses, por años, intentando salvar tu vida, y tú te quejas porque no te dejo dormir, porque no te dejo caminar, porque no te dejo trabajar, pero ahí sigues sin escucharme…

¿Vas comprendiendo?
Para ti, yo el síntoma, soy “el malestar”, no confundas las cosas, ¡yo no soy el malestar soy el síntoma!
¿Por qué me callas, cuando soy la única alarma que está intentando salvarte?

El malestar, “eres tú”, “es tu estilo de vida”, “son tus emociones contenidas”, “tus pensamientos”, “tus miedos”…, eso sí es el malestar, pero en vez de combatir y solucionar el malestar sigues empeñado en combatirme, combatir el síntoma, callarme, silenciarme, desaparecerme, ponerme un maquillaje invisible para no verme ni escucharme.

Y sí, está bien si ahora que lees esto, te sientes un poco molesto sí. Realmente esto tiene que ser un golpe a tu ego y a tu mente racional, si es así, y si además te sientes un poco molesto o frustrado entonces vamos bien. Pero yo puedo manejar tus procesos bastante bien y los entiendo. De hecho, es parte de mi trabajo, no te preocupes. La buena noticia es que depende de ti no necesitarme más. Depende totalmente de ti, analizar lo que trato de decirte, lo que trato de prevenir.

Cuando yo, el síntoma, aparezco en tu vida, no es para saludarte afectuosamente, es para avisarte que una emoción que contuviste dentro de tu cuerpo debe ser analizada y resuelta para no provocarte un malestar. Deberías darte la oportunidad de preguntarte a ti mismo: “para qué apareció este síntoma en mi vida”, “qué querrá decirme”, ¿por qué está apareciendo este síntoma ahora?, ¿qué debo cambiar en mí para que desaparezca?

Si dejas este trabajo de investigación a tu mente, la respuesta no te llevará más allá de donde te encuentras en este momento, porque por ella has llegado ahí. Tienes que consultar también con tu subconsciente, con tus emociones y sobre todo con tu corazón.

Por favor, cuando yo aparezca en tu vida, antes de correr a buscar la forma de dormirme y esconderme, analiza lo que trato de decirte, de verdad que, por una vez en la vida, me gustaría ser reconocido por mi trabajo, por mi excelente trabajo. Y entre más rápido seas consciente del para qué de mi aparición, más rápido me iré.

Poco a poco descubrirás, que entre mejor investigador seas, menos veces vendré a visitarte. Y te aseguro que llegará el día en que no me vuelvas a ver ni a sentir. Al mismo tiempo que logres ese equilibrio en tu vida, tus emociones, tus reacciones, tu coherencia…, estarán en sintonía contigo, habrás conseguido darte permiso para, simplemente, ser y vivir. 

¡¡Por favor, déjame sin trabajo!!
¿Quizá piensas que yo disfruto con lo que hago?
Te pido que reflexiones sobre el motivo de mi visita, cada vez que me veas aparecer.
Te pido que dejes de hablar de mí con tus amigos y familia como si yo fuera un trofeo.

Estoy muy cansado de que digas:
“Ay pues yo sigo con mi diabetes, ya ves que soy diabético”
“Ay pues ya no aguanto el dolor en mis rodillas, ya no puedo caminar”
“Siempre con problemas de dinero, claro he nacido pobre…”

“Nadie se preocupa por mí, claro como soy la chacha de todos”

“Cómo voy a ser feliz si no consigo encontrar una pareja que me quiera”

Me consideras como si yo fuera un tesoro del cual no piensas desprenderte jamás.

Mi trabajo es vergonzoso, y te tengo que decir que debería darte vergüenza hacerme importante ante los demás. Cada vez que hablas de mí, realmente estás diciendo: “mira que débil soy, no soy capaz de analizar ni comprender mi propio cuerpo y mis propias emociones, no vivo en coherencia, mírenme, mírenme, pobre de mí!”

Por favor, se consciente y honesto contigo, reflexiona y actúa ya.
¡Entre más pronto lo hagas, más rápido me iré de tu vida!

Atte.:
El síntoma

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